Palabras de apertura del Secretario de Estado Adjunto William J. BurnsBuenos días. Tanto para mis colegas como para mí es un placer estar en Oslo en representación de los Estados Unidos en un momento de renovadas oportunidades para la paz. Permítame reiterar, Sr. Ministro, nuestro agradecimiento por las excelentes muestras de liderazgo y hospitalidad de que ha hecho gala el Gobierno de Noruega. En los últimos tres años, el Comité de Enlace Ad Hoc se ha reunido con regularidad, a menudo en tiempos difíciles. Los temas de nuestras deliberaciones se han vuelto desalentadoramente conocidos. Todos hemos sido testigos del costo para ambas partes en términos de vidas segadas y familias destrozadas. También, todos hemos visto algo menos tangible, pero no por ello menos inquietante: la pérdida de esperanzas, la erosión del sueño de paz y reconciliación, el colapso de la fe en un futuro mejor, un futuro en el que dos estados, Israel y Palestina, convivirían, uno junto al otro, en un ambiente de paz, seguridad y dignidad. Nos reunimos hoy en circunstancias mucho más prometedoras. Los palestinos son merecedores de reconocimiento por el manejo cuidadoso de una transición difícil en su cúpula dirigente y su compromiso con el proceso electoral. Israel ha manifestado claramente su compromiso de facilitar las elecciones, y por ello debe felicitársele. La iniciativa de Israel de retirar los asentamientos y las instalaciones militares de Gaza y partes del norte de la Cisjordania brinda la oportunidad sin precedentes de reavivar el progreso hacia una solución de dos estados y reanudar el movimiento siguiendo la hoja de ruta. Dudo que haya alguien en torno a esta mesa que pueda haber subestimado las dificultades que nos esperan. El Banco Mundial, de manera admirable y clara, nos ha puesto ante los ojos las difíciles posibilidades que habrá que abordar para promover la recuperación económica en Gaza y la Cisjordania. No hay atajos posibles en esta situación ni se pueden evadir las verdades descarnadas acerca de los problemas y sus soluciones. Ambas partes tienen obligaciones. En cuanto a los palestinos, su desempeño en materia de seguridad resulta absolutamente esencial, como también la reanudación del proceso de reformas democráticas, una enérgica campaña contra la corrupción y la continuación de un conjunto de reformas financieras que ya se vislumbran como ejemplares. Esos esfuerzos no son un favor a los donantes; representan metas que tocan en lo profundo los propios intereses de los palestinos al preparase a asumir la condición de Estado. Por parte de los israelíes, es de vital importancia la adopción de medidas más osadas que flexibilicen el movimiento de personas y bienes. Son asimismo necesarias otras medidas que despierten un sentimiento de esperanza económica y política en los palestinos. Si tanto palestinos como israelíes abordan esos retos con un nuevo espíritu de determinación, encontrarán una comunidad de donantes igualmente dispuesta a hacer todo lo que esté a su alcance para ayudar. Todos debemos actuar con la plena conciencia de lo que está en juego en este momento tan prometedor como frágil, así como con un verdadero sentido de urgencia. Como aclaró el Presidente Bush, los Estados Unidos harán lo que les corresponde.
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